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El ex director del yacimiento de Iruña ataca de nuevo el informe que tacha sus hallazgos de falsificaciones

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Imagen cristiana en una de las piezas de VeleiaEl hallazgo de una serie de materiales epigráficos en el yacimiento conocido el oppidum de Iruña, situado sobre la antigua comunidad romana de Veleia, convirtió este pequeño en clave en el centro de la polémica arqueológica más controvertida que ha vivido España en la última década. Entre estos materiales se encontraron inscripciones que, para algunos especialistas, permitirían adelantar en varios siglos la fecha de la aparición de los primeros núcleos cristianos en el norte de la Península, así como documentar la existencia de la lengua vasca en la zona. Pese a que aún no se habían publicado los resultados de las primeras investigaciones, en junio de 2006, la prensa, alentada por algún sector político y académico, no tardó en sacar a la luz que en Iruña se habían encontrado los más antiguos restos de vasco escrito datados en el siglo III d.C. Dado que hasta ese momento sólo habían trascendido algunas imágenes en foros de internet y que los primeros resultados auténticamente científicos tardarían un tiempo en publicarse, las autoridaes académicas pidieron cautela en las conclusiones. De nada sirvió. Las inscripciones de Iruá saltaron a la primera plana de los suplementos de cultura y actualidad. En 2008, sin embargo, alertados por las muchas voces que clamaban que estos hallazgos eran un fraude, la Diputación de Alava hizo que una empresa externa evaluara los materiales. El veredicto fue demoledor: había indicios más que suficientes para pensar que las inscripciones del oppidum de Iruña eran falsificaciones. El contrato con la empresa de arqueología que había sacado a la luz estos materiales y que había defendido en todo momento su autenticidad, quedó revocado de forma fulminante. Llegados a este punto, la polémica académica se convirtió en litigio judicial, al intercambiarse uno y otro bando diversas querellas por diversos motivos. Pese a los esfuerzos de diversos colectivos por reivindicar la autenticidad de estas inscripciones, entre otras la plataforma SOS Iruña Veleia, la mayor parte de la comunidad científica nacional e internacional considera estos grafitos como falsificaciones de época mucho más tardía. Los motivos para invalidar su autenticidad fueron de todo tipo: aparición de un latín que no corresponde con el periodo histórico al que se atribuye, iconografía cristiana que sólo aparecería en época más tardía...

La cuestión de los grafitos de Iruña ha vuelto a saltar recientemente a las primeras páginas de actualidad al hacerse públicas nuevas declaraciones de Eliseo Gil, quien fuera director del yacimiento antes de su fulminante destitución por la Diputación y sobre el que pesa actualmente una denuncia por atentar contra el patrimonio y por falsificación. Gil mantiene su rotunda afirmación de que las conclusiones que sacaron acerca de la autenticidad de los grafitos de Veleia tienen una sólida base científica detrás, y que ha sido el informe elaborado posteriormente el que, con intenciones previamente marcadas, cometió errores que invalidan sus teorías. Según él, el organismo encargado de esta segunda valoración hizo uso de herramientas poco adecuadas y renunció a técnicas más modernas y definitivas como el análisis químico. El ex director de Velia va más allá, y acusa a los responsables de este proyecto de haber manipulado los materiales, haber roto la cadena de custodio de los objetos y haber falsificado de forma consciente sus conclusiones con el objetivo de desprestigiarles a él y a su equipo.

Como vemos, la polémica, académica y judicial, por la autenticidad de los grafitos de Iruña continúa viva casi diez años después de su hallazgo, y no tiene visos de cerrarse por el momento, al menos mientras las autoridades judiciales no se pronuncien al respecto.

El arqueólogo Eliseo Gil

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