Estudiantes de arte reconstruyen el rostro de los emperadores y emperatrices de Roma

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Rostro de Julia Domna, esposa de Septimio Severo

De la bella frialdad del mármol al crudo realismo de la carne. Este es el proceso que han realizado un grupo de estudiantes del Theaterakademie August Everding de Múnich, una de las escuelas de arte más importantes de la capital de Baviera. Su intención era clara: dar vida a los rostros pétreos e inanimados de los emperadores y las emperatrices romanas. Otorgar color, expresión y realismo a los hombres y mujeres que hace dos milenios gobernaron Europa y el Mediterráneo. Y el resultado no podría ser más asombroso.

Tal y como se aprecia en el vídeo que el Theaterakademie August Everding ha hecho público, los estudiantes parten de los modelos originales de mármol para crear un molde sobre el cual comienzan a trabajar con silicona y otros materiales blandos. El proceso es lento y laborioso, ya que observan cada arruga, cada línea de expresión, cada detalle para llevarlo a la obra definitiva. Dado que las esculturas de mármol que han llegado hasta nosotros son, pese al realismo habitual del estilo romano, muestras idealizadas del rostro de los emperadores y emperatrices, los estudiantes de arte han recurrido a las fuentes literarias para averiguar los defectos que los escultores podrían haber omitido. Un poblado entrecejo, unas entradas pronunciadas, un ojo ligeramente estrábico… Todo lo que los bustos clásicos no muestran, lo ha buscado y plasmado este grupo de artistas. Una vez realizada la base de silicona, se procede a pintar el modelo para dar el tono adecuado a la piel. Finalmente, se dota al modelo de vello facial y de cabellos según el peinado de la época. Cada pelo es cosido de forma manual, con gran precisión, sin ahorrar detallismo en lugares como las cejas o la nariz.

Cuando observamos la obra final, tenemos la sensación de estar contemplando a los emperadores y las emperatrices tal y como eran en vida. Con un realismo pasmoso, Adriano, Marco Aurelio o Julia Domna nos miran con sus rostros milenarios. Tan humanos en silicona como divinos parecían en mármol. Tanto que, en ocasiones, cuesta reconocer en esos rostros cansados a los césares de los que hablan los autores clásicos. Para algunos críticos, los estudiantes de arte se han dejado llevar por un cierto chovinismo germánico y han dado a estos hombre y mujeres unos rasgos y un tono de piel más apropiado para los pueblos del norte de Europa que para alguien nacido en el Mediterráneo. Aunque esto pueda ser discutible para casos como el de Marco Aurelio, sí que resulta polémico a todas luces en el caso de Julia Domna, una mujer nacida en Siria a la que han presentado con una piel completamente blanca.

Los modelos terminados han sido expuestos en la Gliptoteca de Múnich, y de inmediato se han convertido en una de las principales atracciones para el público de este museo.

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