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Los peludos habitantes del Templo Romano de Córdoba

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Pareja de gatos en el Templo Romano de Córdoba

El Templo Romano de Córdoba, nombre popular que reciben los restaurados restos del edificio de culto sito en la calle Claudio Marcelo, tiene hace desde hace templo unos pequeños inquilinos que han convertido estas ruinas en su hogar: una colonia de gatos callejeros. Estos animales, alimentados por grupos de vecinos y asociaciones de defensa de los animales, han proliferado en los últimos años a pesar de las dificultades de la vida en la calle, llegando en la actualidad a ser una docena entre machos, hembras y crías. Los gatos se han acostumbrado a la presencia de los turistas, hasta el punto de que muchos se aproximan a ellos de forma confiada, un comportamiento que, si bien en ocasiones puede suponer un riesgo para el animal, ha hecho que muchos visitantes disfruten de los animales como parte integrante de la experiencia de contemplar el templo romano.

Ante esta situación, diversas organizaciones en defensa de los animales han solicitado al ayuntamiento que se declare este grupo de gatos como una colonia oficial, a la que se debe atender y controlar, esterilizando a sus miembros para evitar la proliferación, y controlando los posibles brotes de enfermedades. La asociación entre monumentos y yacimientos arqueológicos con colonias controladas de animales, especialmente gatos, es una práctica habitual en Roma, donde el ayuntamiento considera a estos pequeños habitantes del lugar como parte del patrimonio mismo. Una colonia de gatos bien atendidos puede ayudar a controlar la proliferación de otras especies, como las ratas, más nocivas para la ciudad y para el monumento en cuestión.

Aunque hoy veamos a los gatos como parte norma de nuestras vidas, en época romana este animal tardó mucho en extenderse. Fueron los egipcios los que domesticaron a los antepasados salvajes de los felinos domésticos, hasta de punto de llegar a dar a algunos de sus dioses rostro de gato. Romanos y griegos tardaron en adaptarse a este nuevo animal, prefiriendo durante siglos el uso de comadrejas como animal doméstico que ayudaba a controlar las plagas de ratas y ratones. Parece ser que ya en el Bajo Imperio, el gato era un animal habitual en diversos puntos de Europa.

Fuente: Cadena Ser

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