Restauran en Pompeya una factoría de elaboración de cuero

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Restos de la factoría de cuero en Pompeya

Pompeya está experimentando en estos últimos tiempos una nueva edad dorada. Lejos quedan ya los años en los que la UNESCO amenazó al gobierno italiano con retirar todo su apoyo al parque arqueológico si no cambiaban de forma radical las formas de administración del mismo y se invertían dinero y esfuerzos en frenar su lento pero implacable deterioro. El cambio de actitud de las autoridades ha conseguido en unos años que Pompeya no sólo consiga una conservación adecuada de los restos ya excavados sino que se inicien por primera vez en mucho tiempo excavaciones nuevas en territorios antes no explorados por los arqueólogos.

En este proceso, la alianza de las instituciones públicas con mecenas privados ha resultado esencial para dotar de nueva financiación al yacimiento. Ejemplo de esta colaboración han sido los trabajos en el edificio que hace ya tiempo fue identificado como un complejo de trabajo del cuero. Esta conclusión fue posible gracias a diversos hallazgos epigráficos y a los propios restos materiales del edificio, en el que se encontraron herramientas y espacios propios de este tipo de actividad. La restauración de este edificio comenzó en el año 2008 gracias a los fondos donados por la Unión Nacional de la Industria del Curtido italiana, un grupo dedicado a este tipo de trabajos con proyección en diversos países del mundo. Tras estos primeros trabajos, los directivos de la Unión y los responsables del yacimiento de Pompeya han anunciado un nuevo donativo de más de ciento sesenta mil euros que permitirán completar la restauración de este espacio y su adecuación para la visita de los turistas. En este sentido, se reforzarán las estructuras más delicadas y se completarán con vitrinas y carteles informativos, de forma que los visitantes puedan conocer de primera mano cómo se realizaba el trabajo del cuero en la Antigua Roma.

Como parte del mismo proyecto, la Unión Nacional de la industria del Curtido también colaborará en los trabajos realizados en el llamado callejón de los curtidores, otro espacio de la ciudad en el que se encontraban pequeños factorías de trabajo de la piel. En este callejón, tal y como era habitual en la Antigüedad y lo fue durante muchos siglos posteriores, se reunían los talleres de este gremio de artesanos, reunidos con toda seguridad en algún tipo de collegium que marcaba las normas con las que debían trabajar todos ellos. Este callejón, que fue excavado en el siglo XIX, resultó muy dañado por las bombas que la aviación aliada dejó caer sobre Pompeya como parte de su estrategia de hostigamiento de las tropas fascistas durante la Segunda Guerra Mundial.

Fuente: Prensa Latina

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