Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar

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Luis Manuel López | Literatura | 14/06/2018 - 09:50Comenta

Memorias de Adriano«Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón a Marco Aurelio, en que solo estuvo el hombre» Esta maravillosa sentencia de Gustave Flaubert resume a la perfección el espíritu de la Roma tardorrepublicana y del Principado. Un mundo en el que los viejos valores de la ciudad latina ya daban respuesta a las inquietudes de la gente, y que aún había sido incapaz de encontrar unos nuevos. El mundo en el que vivieron algunos gigantes de la Historia que hoy son iconos de la cultura occidental a los que regresamos constantemente en busca de inspiración y explicaciones para nuestro propio presente.

El emperador Adriano es uno de estos iconos. Un personaje tan controvertido, tan lleno de matices, tan capaz de ejercer el despotismo como de elevar la razón a la categoría de principio rector de su gobierno, que resulta irremediablemente humano. Un hombre al que las fuentes literarias antiguas han pintado de una forma, pero cuya figura se ha visto completada por leyendas, anécdotas, sentencias y juicios elaborados por artistas muy posteriores a él, creando una imagen única, que posiblemente no se ajuste a la realidad histórica pero que resulta tan fascinante que no somos capaces de someterla a crítica para buscar la verdad desnuda.

El Adriano de Marguerite Yourcenar es tan completo, tan creíble, tan humano y al mismo tiempo tan divino, que nos importa poco que no se ajuste a lo que Dión Casio o la Historia Augusta nos dicen de este emperador. El Adriano que ha pasado a al cultura popular, el emperador hispano que todas las personas culturas del mundo tienen en mente, no es el de las fuentes históricas, es el hombre que escribe sus memorias en su lecho de muerte. Como historiadores, podemos considerar que esto es algo peligroso, ya que pervierte la Historia. Como lectores ávidos de palabras bien trenzadas, no podemos más que sumarnos a la tendencia.

“Memorias de Adriano” es sin duda una de las mejores novelas históricas ambientadas en la Antigua Roma. Una novela que parte del conocimiento de las fuentes y que, a pesar de que las manipula en algunos aspectos, construye una maravillosa galería de personajes que desfilan ante nuestros ojos deslizándose entre unas líneas maravillosamente bien escritas. Los lectores hispanos tienen además la suerte de que la traducción de la novela cayera en manos de Julio Cortazar, uno de los grandes genios que nuestra lengua ha conocido en el último siglo, y tal vez en todos los siglos. La habilidad de Marguerite Yourcenar para construir una historia fascinante y el genio de Cortazar para volcar en un español tan dulce como pausado el texto original francés dan como resultado una experiencia inolvidable para el lector.

Es cierto que el material con el que trabaja esta autora ya bastaba por si mismo para embelesar a cualquier lector. Adriano es un personaje que enamora, por lo actual de su pensamiento, por lo moderno de muchas de sus actitudes, tanto personales como de gobierno. Un hombre que, pese a haber nacido en la provincia más occidental del Imperio, se enamoró de la cultura griega hasta tal punto de vivirla con total intensidad y convertirla en el eje de su filosofía. Adriano pensó como un griego, escribió como un griego… y amó como un griego. En un mundo como el romano en el que la homosexualidad, si bien no estaba mal vista siempre que uno fuera la parte activa de la relación, jamás se admitía como una opción completa de vida para un hombre, Adriano elevó a su amado Antinoo a la categoría de un dios. Y con ello dio origen a una de las leyendas amorosas más bellas y que más influencia han ejercido en la historia de Occidente.

La relación de Adriano y Antinoo se ha convertido en una leyenda en la que generaciones de hombres homosexuales y bisexuales se han mirado en busca de uno de esos referentes positivos que tanto han escaseado de muchas épocas. Que un personaje al que la historia ha tratado de forma positiva como Adriano mantuviera relaciones homosexuales de forma abierta, y que llegara incluso a deificar a uno de sus amantes, suponía para muchos un balón de oxígeno en sus vidas. La novela de Marguerite Yourcenar ha contribuido de forma definitiva a consolidar y difundir la historia de amor entre Adriano y Antinoo, y no son pocas las personas que han llegado a ella en busca precisamente de esta relación.

“Memorias de Adriano” es, en definitiva, una novela esencial para todo amante de la Roma Antigua. Una lectura deliciosa, que se disfruta tanto a nivel de sus contenidos como a nivel formal.

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Memorias de Adriano

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